Cómo prevenir plagas en nuestro banco de semillas

A la mayor parte de los aficionados y aficionadas a la jardinería y a la huerta nos gusta recolectar e intercambiar nuestras propias semillas. Además de proporcionarnos material de distintos lugares y diferentes cultivos o plantas. La recolección de nuestras propias semillas favorece la adaptación de la planta a nuestra zona y por lo tanto conseguiremos con ello que esas plantas sean más fuertes y sanas y así más resistentes a enfermedades y plagas.

Seguro que alguna vez te has encontrado con la desagradable sorpresa de que al ir a buscar alguna semilla, de haba o judía, por poner un par de ejemplos, estaban estropeadas porque algún pequeño bichito las había utilizado como sustento durante el invierno. A mí me paso este año con unos guisantes que me regalaron.

La conservación de las semillas es quizás la parte más importante del proceso de germinación ya que una semilla mal conservada perderá su poder germinativo con más rapidez. Pero peor que esto es que en pocos meses te encuentres con semillas que están totalmente inservibles.


Luz, humedad, temperatura. Son parámetros que tendrás que tener en cuenta si quieres tener una buena colección de semillas, y sobre todo si no quieres limitarte a tener simplemente unos sobres llenos de semillas si no que tu finalidad es germinarlas.

Estoy hablando de semillas recolectadas por nosotros mismos, no de sobres comprados a grandes productores. Estos no necesitan muchos cuidados para que las semillas no se estropeen. Yo he llegado a dejar algunos de estos sobres tirados en algún rincón sin ningún tipo de cuidado y llegado el momento de su siembra hacerlo y éstas germinaron perfectamente. Pero claro estas semillas ya vienen tratadas con diferentes tratamientos químicos para evitar tanto una germinación no deseada como para el ataque de plagas.

Pero para esas semillas que intercambias con amigos o conocidos y esa judía que ya cultivaba tu abuela y que sigues manteniendo en tu huerto año tras año porque te encanta su sabor y porque es muy resistente. Para esas os dejo un pequeño truco que te ayudara a evitar esas sorpresas desagradables al almacenar tus semillas.

En el siguiente vídeo podrás ver cómo lo hacemos y el truco es bastante sencillo. Y es que una vez que recolectas la semillas: judías, habas, guisantes, etc. las dejas secar bien y después las metes al congelador entre 24 y 48 horas, dependiendo de la semilla, y una vez que las retiras las dejas que se sequen a temperatura ambiente y ya puedes guardarlas en su lugar de almacenaje. Pero como te comentaba, lo mejor es que veas el siguiente vídeo. Espero que te guste.



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Comentarios

  1. Que buena idea! No sabia que se podían congelar sin estropearse. Lo probaré. Muchas gracias por compartir tu experiencia.
    Un abrazo.

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